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La Francia que Deschamps tardó veinte meses en armar llega a Dallas
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La Francia que Deschamps tardó veinte meses en armar llega a Dallas

España ganó en Múnich y en la Nations League, pero Les Bleus llegan a la semifinal con otro sistema, otra defensa y otra paciencia.

IA + HumanoEl Zurdo

Mañana en el Dallas Stadium no se juega un partido cualquiera: se juega la respuesta a una pregunta que Francia lleva casi dos años formulándose en silencio. ¿Qué hubiera pasado si aquella noche en Múnich —cuando Lamine Yamal y Dani Olmo voltearon un 1-0 de Randal Kolo Muani antes del minuto 30— hubiera sido el comienzo de otra historia y no el arranque de una reconstrucción?

La Roja llega como favorita lógica. Ganó la Eurocopa 2024, volvió a ganarle a Les Bleus en la Nations League (5-4 en un thriller que parecía imposible) y domina el continente con una autoridad que no se ve desde los tiempos de Xavi e Iniesta. Pero España no encontrará el mismo Francia que derrotó en la semifinal de Múnich. Encontrará un equipo que tardó veinte meses en germinar y que, en los últimos cinco partidos de este Mundial, solo ha encajado un gol.

El cambio de guardia que no terminó de cambiar

En julio de 2024, la semifinal en el Allianz Arena tenía aroma de relevo generacional. Francia había llegado a las dos finales mundiales anteriores —ganó en Rusia 2018— y España cerraba en el horizonte su primer título importante en doce años. Kolo Muani abrió el marcador al minuto 9 y por un instante pareció que el guión viejo seguía vigente.

No lo estuvo. Yamal y Olmo lo reescribieron antes del descanso, y con esa victoria España no solo avanzó a la final: inauguró dos años de dominio casi total en Europa. Del otro lado, Mbappé lo dijo sin rodeos: «Jugaron mejor y nosotros no fuimos suficientes. Nos superaron. Pasan a la final y nosotros quedamos fuera. Esa es la realidad del fútbol. Hay que seguir adelante».

Deschamps asumió la responsabilidad sin excusas. «La culpa es mía. Llegamos a semifinales y nos encontramos con una España de esta calidad. Teníamos que estar al máximo y hoy estuvimos un poco por debajo». Lo que vino después no fue un parche: fue un ciclo nuevo —y, según las señales, el último de Deschamps— construido alrededor de una generación que empezó a madurar en París 2024.

La semilla olímpica

Bajo Thierry Henry, Manu Koné, Désiré Doué y Michael Olise dejaron huella en el torneo olímpico. Francia se llevó la plata tras caer 5-3 en la prórroga ante el mismo rival de siempre. Mientras figuras como Antoine Griezmann, Olivier Giroud, Benjamin Pavard y Kingsley Coman se alejaban gradualmente de la selección, Deschamps empezó a tejer un equipo distinto con esos nombres como columna vertebral.

El primer paso oficial fue doloroso: el 6 de septiembre de 2024, Italia le ganó 3-1 en la Nations League. Pero aquel partido trajo dos cambios que definirían el futuro. Deschamps abandonó el 4-3-3 de la Eurocopa y empezó a moverse hacia un 4-2-3-1 más ambicioso. Y metió a Olise —el recién llegado al Bayern— como símbolo de la renovación.

«Ir al Bayern le ayudó a endurecerse. Le costó un poco adaptarse», reconoció Deschamps el otoño pasado. «Es bastante tímido y reservado, probablemente en parte por la barrera del idioma. Se siente más cómodo en inglés que en francés, aunque está haciendo el esfuerzo. Lo importante es lo que hace en la cancha; no es alguien que busca protagonismo». Hoy, Olise está integrado de lleno: aporta equilibrio, cubre más metros que casi nadie en el mediocampo francés y se ha convertido en pieza fija del esquema.

Lo que no funcionó en Múnich —y lo que ya funciona

En la Eurocopa 2024, Francia aceptó ceder la posesión a España. La Roja, feliz de recibir esa invitación, controló el tempo. Les Bleus, que solo habían marcado dos goles de jugada en todo el torneo, apostaron por transiciones rápidas y juego directo. Crearon ocasiones —más que su rival en algunos tramos— pero la falta de contundencia los condenó.

La Nations League de junio de 2025 fue otra historia. En un partido caótico que terminó 5-4 a favor de España, Francia mostró un perfil distinto: 24 disparos contra 16 de La Roja, posesión recuperada, y por primera vez el cuarteto Dembélé-Olise-Doué detrás de Mbappé. Es el mismo bloque ofensivo que se espera mañana en Dallas. Aquella noche Deschamps tuvo que improvisar en defensa; hoy cuenta con una línea de cuatro asentada que en este Mundial ha transmitido una confianza que no existía en Baviera.

«Hubo muchas cosas positivas. No fue todo malo, sobre todo en los primeros 20 minutos, cuando controlamos muy bien el partido», dijo Deschamps tras aquel 5-4. «Creamos muchas ocasiones —más que el rival— pero ellos fueron mucho más clínicos en los dos tramos de diez minutos en que bajamos el nivel. A pesar del marcador, nos mantuvimos fieles al plan. Tengo un equipo joven y esta experiencia nos servirá».

Tenía razón, aunque el resultado no lo dijera.

El equipo que llega a la semifinal

Desde el arranque de este Mundial, Francia encontró el equilibrio que buscaba. El sistema es más ambicioso, pero el colectivo pesa más que cualquier estrella individual. Doué y Dembélé llegaron con el impulso del PSG campeón y con la cultura de mejora continua que Luis Enrique inculcó en París. Mbappé, por su parte, trabaja más que nunca sin balón, especialmente en la presión alta sobre la salida rival.

Lo que más contrasta con Múnich y con el thriller de 2025 es la compostura. Contra Paraguay en octavos y Marruecos en cuartos, Les Bleus no se desesperaron: esperaron, aguantaron el ritmo del rival y rompieron después del descanso. Esa paciencia táctica —la misma que España exhibió en Europa— sugiere un equipo que ya no depende solo del contragolpe para existir.

En defensa, el dato es contundente: un solo gol encajado en los últimos cinco partidos. Comparado con la fragilidad que mostró en Múnich y con la línea experimental de la Nations League, es otra Francia la que camina hacia Dallas Stadium.

La pregunta del martes

España sigue siendo España: la misma que volteó partidos con la calidad de Yamal y Olmo, la misma que ganó dos semifinales consecutivas a Les Bleus en competiciones europeas. Pero Francia no es la que perdió aquellas dos veces. Es un equipo joven, más vertical, más posesivo, más paciente y con una defensa que por fin inspira confianza.

Dos años después de que el equilibrio de poder se inclinara en Múnich, el martes en Dallas se juega si aquel cambio de guardia fue definitivo o si Deschamps, con veinte meses de trabajo entre medio, puede devolverle el mando a Les Bleus. La semifinal no empieza en cero: empieza en Baviera, pasa por París 2024, se complica en la Nations League y llega a Texas con un Francia que, por primera vez en mucho tiempo, tiene argumentos para creer que esta vez la historia puede ser otra.

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