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México y Argentina le tienden la red a Infantino
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México y Argentina le tienden la red a Infantino

Mientras Europa pierde confianza en el presidente de la FIFA, dos potencias de América le firman el salvo conducto hacia el Congreso.

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Cuando el poder tiembla en Zúrich, no se mira al marcador: se cuentan aliados. Y esta semana, dos de los más pesados del continente —México, coanfitrión del Mundial que acaba de terminar, y Argentina, la selección que aún huele a final— le enviaron a Gianni Infantino el mensaje que más necesita un presidente asediado: seguimos con usted.

No es un detalle de pasillo. Es el dibujo de un mapa.

El plan que casi vende el Mundial

Hace poco más de una semana, desde esta misma casa celebramos que la UEFA y sus 55 federaciones hubieran cerrado filas contra la privatización parcial de la Copa del Mundo. La FIFA quería crear la FIFA Forward Enterprise, una sociedad para administrar torneos y eventos, y vender un quinto a un consorcio liderado por Thrive Eternal —fondo estadounidense vinculado a Joshua Kushner— por 4.200 millones de dólares. No era un patrocinio. Era ceder trozos de propiedad sobre el patrimonio común del juego.

Europa respondió con la amenaza más dura que cabe en un estatuto: mientras esas propuestas vivieran, ninguna selección europea disputaría competiciones FIFA. La Concacaf y la AFC también rechazaron el plan. La Conmebol no lo acompañó. Sin esa red de apoyo, el proyecto se cayó. La FIFA pidió disculpas a sus 211 asociaciones miembro y retiró la iniciativa. Fin del capítulo comercial. Principio del capítulo político.

Porque pedir perdón no es lo mismo que rendir cuentas. Y porque Infantino, lejos de salir del tablero, ya se prepara para el Congreso de marzo de 2027, con plazo de candidaturas en noviembre.

Dos comunicados, una misma línea

La Federación Mexicana de Fútbol no dudó. Se alineó con el llamado que Infantino lanzó el 5 de agosto desde la reunión de urgencia en Rabat: seguir desarrollando el fútbol “en beneficio de las 211 asociaciones miembro”. La FMF sostuvo que la mejor defensa del juego “descansa en la institucionalidad” y advirtió que no reconocerá procesos convocados al margen de esa gobernanza. Traducción sin perfume de boletín: México no acompañará aventuras paralelas contra el presidente. El respaldo a su liderazgo quedó escrito con tinta oficial.

Horas más tarde llegó la carta de la Asociación del Fútbol Argentino. Dirigida al “querido Presidente”, la AFA de Claudio “Chiqui” Tapia elogió los diez años de gestión, la “transformación profunda” de la FIFA y —aquí el oído pide una segunda lectura— “la solidez institucional basada en un modelo de gobernanza claro, estable y transparente”. Claro, estable y transparente: las tres palabras que Europa usa para describir, precisamente, lo que faltó cuando el plan de venta se cocinó casi hasta la aprobación sin consulta real.

La AFA sí reconoció la incertidumbre que generó el proyecto y valoró la marcha atrás y las disculpas. Pero el cierre no deja duda: el camino, dice Argentina, es seguir bajo el liderazgo de Infantino hacia un fútbol “mejor y, aún, más inclusivo”.

México y Argentina no están solos. Marruecos, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos también se sumaron al respaldo. La Confederación Africana de Fútbol (CAF) reconfirmó su apoyo “por unanimidad”. En Marruecos, la cúpula presente en la reunión de crisis le dio a Infantino el “pleno apoyo” como único funcionario electo por las 211 federaciones. El suizo respira. No porque el escándalo se haya borrado, sino porque el conteo de votos ya empezó.

La ironía de Concacaf

Aquí aparece la tensión más interesante para el lector de este lado del Atlántico. La Concacaf —la confederación de México— había pedido un “ajuste de cuentas integral” sobre la presidencia de Infantino tras el fiasco de la privatización. Un llamado a revisar, no a aplaudir. Y sin embargo la federación más influyente de esa misma región, coanfitriona del Mundial 2026, eligió el salvoconducto.

No es hipocresía gratuita: es geometría del poder. Una confederación puede exigir rendición de cuentas en comunicado colectivo; una federación anfitriona —con sedes, contratos, legado y relación cotidiana con la FIFA— calcula el costo de romper con el presidente que todavía reparte calendarios, programas de desarrollo y legitimidad institucional. México no habla solo como miembro de Concacaf. Habla como país que acaba de abrir el Azteca, el Akron y el BBVA al planeta. Esa memoria reciente pesa más que la indignación de una semana.

Argentina, por su parte, juega otro tablero. La alianza Tapia–Infantino no es noticia nueva para quien sigue la política del fútbol sudamericano. Javier Tebas, desde LaLiga, lo dijo sin anestesia: el personalismo, la falta de contrapesos y la confusión entre institución y dirigente se parecen demasiado entre Zúrich y Viamonte. Se puede discutir el tono del español; cuesta discutir que el comunicado de la AFA suena menos a auditoría y más a carnet de lealtad de cara al Congreso.

Europa no se baja; América elige bando

Mientras tanto, la UEFA dobló la apuesta: perdió la confianza en la presidencia de Infantino. Inglaterra, Gales y Suecia retiraron su respaldo. Lise Klaveness, presidenta de la federación noruega y crítica habitual del suizo, adelantó que pedirá su renuncia. Luis Figo, asesor de Aleksander Čeferin, también empujó en esa dirección. El conflicto ya no es solo el proyecto FFE —muerto en el papel—. Es la legitimidad del hombre que lo impulsó.

Y aquí está el punto que el hincha latinoamericano conviene mirar de frente: en la FIFA, cada asociación vale un voto. Catarata mediática europea no equivale a mayoría en urnas. África unida, Asia dividida, Conmebol cautelosa pero no rupturista, y ahora México y Argentina en la foto del respaldo: ese es el paisaje que Infantino necesita para llegar vivo a marzo. La Conmebol admitió “preocupación” por la falta de consulta y, al mismo tiempo, subrayó la “unidad de la familia del fútbol” antes de las elecciones. Preocupación sí; cuchillo, no.

Desde De Zurda no cambiamos de vereda respecto al fondo: el Mundial no está en venta. Que el plan haya caído fue una victoria del sentido común sobre el balance sheet. Pero sería ingenuo leer el respaldo de México y Argentina como un debate sobre poesía del juego. Es política dura. Es el cálculo de quién reparte el futuro —Mundial 2030, programas Forward, lugares en comisiones— y quién se queda gritando desde la platea europea sin mayoría matemática.

Lo que queda en el aire

Infantino ya no vende el Mundial a Kushner. Eso, al menos, quedó enterrado. Lo que sí vende, con comunicados de Ciudad de México y Buenos Aires, es continuidad. Continuidad con disculpas incluidas. Continuidad con la promesa de “fortalecimiento institucional” dicha por las mismas federaciones que, hace días, descubrieron cuán frágil era esa institucionalidad cuando el cheque grande apareció sobre la mesa.

El próximo Congreso —Rabat, marzo de 2027— será el verdadero examen. Noviembre cierra el plazo para candidaturas. Europa puede seguir sin confianza; África y buena parte de América pueden seguir con el carnet firmado. La pregunta que deja esta semana no es si Infantino tiene críticos: los tiene, y con razón documentada. La pregunta es si México y Argentina, al tenderle la red, están defendiendo la gobernanza del fútbol o asegurando su lugar en el próximo ciclo de poder. El balón, otra vez, espera en la cancha. En los despachos, el partido ya empezó.

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